Invisibilidad

Mi mente comenzó un extenuante periplo a través de la orografía agreste y compleja en la que se había transformado mi razón.

La pérdida de mi puesto de trabajo fue el origen de una caída precipitada a un torrente oscuro, denso, un lodazal de inseguridades, terrores y vacíos.

Comencé un viaje opresivo, un recorrido serpenteante, un trayecto colmado de subidas y bajadas.

Arrastrada por esa imaginaria masa de agua oscura, experimenté mi inmaterialidad.

Era imperceptible. Dejé de ser visible.

Al sentirnos invisibles, no sólo advertimos que nuestro entorno deja de apreciarnos únicamente a través del sentido de la vista. Nos sentimos tan solos que creemos que nuestra existencia es abstracta. Nos sentimos relegados al ostracismo.

Nadie necesita nuestro contacto. Somos impalpables.

Nadie necesita escucharnos. Somos silencio.

Nadie necesita saborearnos. Somos insípidos.

Nadie añora nuestro perfume. Somos entes desprovistos de aroma.

Nadie nos necesita como custodios de su equilibrio. Somos sujetos carentes de contrapeso.

Tras una época oscura, tras vivencias negativas, podemos sentirnos invisibles sin darnos cuenta de que esa invisibilidad es una percepción exclusivamente nuestra. Nos miramos al espejo sin vislumbrar una silueta, no distinguimos un rostro, un cuerpo. Únicamente discernimos una figura, una masa turbia que percibimos como una entidad lánguida, extenuada e irreverente.

Ninguno estamos exento de caer en un proceso de declive anímico, creamos ser, equivocadamente, personas fuertes o débiles, positivas o negativas. Ahora sé que es imprescindible, afrontar los malos momentos desde la cautela.

Por aquella época, rescaté un cuento que yo misma había redactado a una persona muy cercana a mí en una etapa de su vida en que su mente había sido devorada por tal negatividad que se sumió en un bucle de invisibilidad. Todos la observábamos, pero ella creía no ser vista, se contemplaba en una realidad que no era la nuestra, era únicamente suya.

Ahora puedo comprender aquellos sentimientos que la envolvían noche y día, día y noche.

¿Debemos luchar por ser visibles? La respuesta taxativa es, SI.

 Al bucear a través de un pantano de desubicación, nos sentimos tan desorientados, tan desconcertados y aterrorizados, que nuestra lucha por salir adelante se convierte en una utopía. Oteamos un futuro sin luz, opaco, aciago.

Es imprescindible mantener el tipo, gestionar correctamente nuestras emociones, vivir el duelo de nuestra pérdida dando rienda suelta a nuestra ira inicial, a la depresión posterior y a la aceptación final en la que debemos ser conscientes de que nuestra vida ha cambiado.

Es necesario visualizarnos sin perder la perspectiva de lo que somos, de nuestro significado y jamás olvidar nuestra esencia. Podemos demandar auxilio a los demás, pero el mayor amparo es el que ofrezcamos a nosotros mismos.

Yo me volví invisible. Cometí infinidad de errores. No viví adecuadamente mi duelo como consecuencia de mi estrés psicológico. Naufragué perdiendo toda mi confianza, personalidad y autoestima.

¿Cómo volver a visualizarse? Evita tomar decisiones cuando tu mente es un caos. En este caso, el tanto por ciento de desacierto se incrementa exponencialmente.  

Los días transcurrirán a veces con dificultad, pero no nos debemos dejar atrapar en la oscuridad ni estancarnos en un pantano de lágrimas.

Siendo conscientes de nuestra nueva realidad, admitiremos la ardua tarea a la que nos enfrentamos, sin marcarnos plazos que puedan convertir nuestro camino en un trayecto opresivo.

El tiempo no tiene porqué ser un enemigo que nos empuja, puede ser simplemente un amable compañero de viaje.

Convierte tu invisibilidad en algo tangible y comenzarás tu senda visualizando un nuevo futuro.

Cristina Regueiro Carpio

Lectura Recomendada ☼ Haz que cada mañana salga el sol ☼, el libro de Arancha Merino