Un perro verde

Sentirse diferente no tiene por qué convertirse en un hándicap que provoque un sentimiento de incomprensión.

Nos educan disponiendo una guía común, destinada al alcance de objetivos consabidos. Pero ¿qué ocurre si sientes que tu camino es otro?

En una infinidad de ocasiones, he reconocido en mí a un perro verde, pero a diferencia de esos cachorros que asoman sus pequeños hocicos al mundo, teñidos de un tinte verdoso concedido por la biliverdina de la placenta, mi tonalidad no ha desaparecido con el transcurso del tiempo.

Mi excesiva aptitud para la ensoñación me abocó a una personalidad extraordinaria alejada de las apariencias.

Las enseñanzas mordaces tanto en mi niñez como en mi adolescencia edificaron castillos amurallados, moradas interiores, lugares de refugio, donde he sido dama, lacaya y hechicera.

Equivocada o no, he peregrinado por la vida aleatoriamente, guiada por un aferrado espíritu de Peter Pan, mi carcelero y mi libertador.

Mi extravagancia me ha permitido saborear diversas experiencias, deleitándome con la esencia de otros sujetos particulares, individuos que aportaron su sabiduría abriéndome nuevos horizontes, ampliando mi mente, enseñándome nuevos mundos anímicos y espirituales.

Hubo una época en la que decidí alejarme de mi naturaleza buscando un horizonte tradicional. Intenté alcanzar esa vida anhelada por los convencionalismos.

Ese fue mi mayor fracaso. Me convertí en una ridícula imitación de mí misma. Mi tendón de Aquiles se visualizó y tambaleándome, aterricé sobre una superficie ácida. Decidí entonces, volver a levantarme, moldeé una férula con la que sanarme y acoger de nuevo mi peculiaridad.

Todos tenemos un  símbolo que nos acredita, y sea cual fuere dicho distintivo, tenemos que ser fieles a él. ¿Por qué hemos de cambiar si lo que somos nos funciona?

Puede ser que la vida anhelada sea un estereotipo o puede ser que se aleje del mismo, pero vivamos como decidamos vivir, creo que debemos ser fieles a nosotros mismos, a nuestro espíritu.

El equilibrio reside en nuestra personalidad, y nuestra personalidad es la fuente de nuestro atractivo.

Una vida convencional no tiene por qué ser sinónimo de éxito y tal y como apuntó Albert Einstein: “La persona que sigue a la multitud normalmente no irá más allá de la multitud. La persona que camina sola probablemente se encontrará en lugares donde nadie ha estado antes”.

Cristina Regueiro Carpio

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