El síndrome del benjamín

Mis rodillas gratificarían la propulsión reintegrada por el tartán de la pista de atletismo. Había finalizado el precalentamiento corriendo sobre el compacto cemento de las aceras que guían las serpenteantes travesías del lugar donde vivo, correderas amparadas al abrigo del parque natural.

En mi nuevo kilometraje resolví empezar a recuperarme de los dos mil metros venidos en los años predecesores, estos años, que siendo difíciles, juzgo, eran indiscutiblemente precisos en el reencuentro con la seguridad descalabrada.

Habiendo sido una persona en la que mis defectos invariablemente han encubierto mis exiguas virtudes, mi fortaleza interior permitió que desde niña pudiese esquivar numerosos complejos.

En la condición de menor de tres hermanos, lidié, en algunos tiempos, con una irreprochable falta de atención de unos padres inmersos en la actividad de sus hijos mayores.

Transcurrido el tiempo, deduje una teoría a la que apodé: el Síndrome del Benjamín.

Basándome en la experiencia de sujetos pertenecientes a mi categoría, conceptúe dos tipos manifiestamente identificables. Un benjamín dependiente, un pequeño asistido por todos los miembros de la familia que lo perciben como un ser desprotegido, tierno, ávido de cariño. No menos habitual, topamos con el benjamín independiente, el más ignorado, puesto que los hermanos mayores van marcando los tiempos y son ellos, los que requieren a veces más dedicación. Este último arquetipo de benjamín, suele destacar por su autonomía, desarrollando sus juegos infantiles como pequeñas aventuras en las que él es héroe y soberano.

A lo largo de mi infancia me enmarqué en el segundo paradigma de benjamín. Era tímida, independiente y supe sortear, como infanta poco agraciada, las burlas de otros niños junto a la ignorancia de ciertos adultos. Con una gran seguridad y determinación desdeñé cualquier resquicio traumático. Observaba mi biosfera con una mirada externa, no la interiorizaba en su plenitud. Habitualmente buceaba en pensamientos infantiles, desconectaba en juegos de aventuras. Me fortalecía, soñando que, en vez de ser una princesa a la espera de ser rescatada por un príncipe azul, era una regia amazona mitológica, no destacable por su belleza, sino por su capacidad física para enfrentarse a las batallas con su arco y su lanza.

En la Roma imperial, una sátira de Juvenal,  prescribía la oración, como fuente de conquista de un espíritu equilibrado en un cuerpo equilibrado. 

Tras mi visita a la iglesia de la Asunción, en aquel instante de mi vida cuyo anhelo era primordialmente la restitución de la esperanza, promoví un ritual de oraciones diarias. Solícita, recé requiriendo a Dios los impulsos suficientes para ir soslayando el extenuante día a día en el que se había convertido mi supervivencia.

Transcurrida esa etapa de devoción, el siguiente ciclo se presentaba con una meta clara: sanar mi mente.

Juvenal aludía a un espíritu templado en un cuerpo ordenado. En la actualidad, la cita del cómico romano, sin conservar el sentido original, se ha reformado en: Mente sana en un cuerpo sano.

Calándome los auriculares, me situé en la calle número cuatro de la pista de atletismo prolongando mi recién estrenada rutina deportiva.

Mientras sanaba mi cuerpo a través del deporte, rememoré con gratitud, el rostro de aquella niña férrea en personalidad, desencadenada del mundo circundante. La benjamina independiente estaba de nuevo allí frente a mis ojos.

Peregrinando la zona de carrera, embaída en mis recuerdos, en mis pensamientos, aprecié mi cuerpo, tasé mis músculos fatigados por meses de inactividad, degustando la sensación placentera germen de endorfinas.

Atravesando cada recta, virando en cada curva, los grilletes que inmovilizaron mi esencia, se desintegraron. Recobré a la pequeña que fui, saludé de nuevo a mi entereza, a mi independencia, y por qué no decirlo, a mi peculiaridad.

¿Un cuerpo sano? Excelente analgésico natural para una mente herida. ¿Mi síndrome? El soberano de mi fortaleza y de mi libertad.

Cristina Regueiro Carpio

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s