Su música, mi hogar

El horizonte del futuro se presentaba extraño, nuboso e incierto. Dubitativa retorné al pasado, a un amor pretérito, que en vez de difuminarse, se dibujaba nítido, coloreado con novedosas tonalidades.

Deseché recuerdos dolorosos. Visualicé con innegable distorsión, los instantes más despreocupados.

En aquellos primeros días de mi recorrido a través del recién estrenado kilómetro cuarenta y ocho, un amor acaecido más de dos décadas atrás, se plantó presto a insuflarme coraje.

Confusa, abatida, creí, que tal vez,  la independencia que tanto apreciaba podía tornarse en un ancla esposada a mi tobillo. Consciente de que ya no éramos los mismos, el egoísmo, dueño de mí, no consentía dilucidar la gran injusticia que ansiaba perpetrar.

Con gran desatino, creí que añoraba a la persona. En realidad, evocaba las circunstancias.

Presa del desequilibrio, solicité una nueva oportunidad. Congruentemente, no me fue concedida. ¿A partir de ahí? Recapacité conduciendo por la  autopista del presente curioseando únicamente el futuro.

Entonces, redacté un pequeño cuento a ese amor que con exquisita sabiduría, se apostó en un rincón aguardando en mí el brote de una insólita amistad.

Cristina Regueiro Carpio

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